Tengo 29 años. Soy de El Salvador y tengo unos 23 años en Estados Unidos, llegué aquí siendo una niña de 5 años. Tengo pocos recuerdos de mi país, pero si guardo en mi memoria momentos en los que iba con mi abuela y mis primas al campo para vender algunas cositas.
Fue difícil al principio porque somos una familia numerosa. Somos 7, mis padres más 5 hijos: 3 mujeres y 2 varones. Al llegar solo mi padre trabajaba y habían 5 pequeños por mantener, todos estábamos en edad temprana y mi mamá tenía que quedarse cuidándonos. El cambio cultural y el idioma fueron obstáculos importantes, sobretodo para mi mamá. El inglés llegó a mi vida cuando comencé la escuela. Gracias a Dios tengo una historia bonita porque la directora nos tenía un cariño especial a mi y mis hermanos. Hizo que el proceso de adaptación se hiciera menos pesado y más llevadero, nunca la olvidaré porque siento que hizo más de lo que alguien se imaginaría.
Yo estoy estudiando para ser profesora por el impacto positivo que estas personas tuvieron en mi vida. Recuerdo que una vez de pequeña llegué a necesitar lentes para ver y mi padre no podía pagarlos por no tener un seguro médico. La directora se encargó de comprar mis lentes e incluso los repuso cuando los perdí. Esta es mi manera de devolver tanto cariño y tanto apoyo. No veo este episodio de mi vida como un golpe de suerte, lo veo como la gracia de Dios sobre nosotros.
Por ahora me dedico a un negocio propio de floristería y planificación de eventos y básicamente trabajo para mi iglesia y para los hermanos que ahí tengo. Al principio lo hacía solo por ayudar, hasta que me di cuenta que podía ganar algo de dinero con mis ideas y mi trabajo. Mi papá también ha sido un gran apoyo en este proyecto, he visto lo sacrificios que ha hecho por mi y ahora soy yo la que tiene que devolverle a él todo lo que me ha dado.










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