Yo soy Ecuatoriana y llegué a los Estados Unidos en el 2009. El cambio o mejor dicho los cambios, fueron duros. Estar lejos de los seres queridos, acoplarse a este país, uno llega aquí con una deuda muy grande, tienes que pagar la renta y dejas cosas en Ecuador entonces tienes que mantener dos hogares. Con la ayuda de Dios y la perseverancia fuimos avanzando poco a poco y salimos de las deudas y pudimos encontrar un poco de paz mental.
Me propuse emigrar porque quería un mejor futuro para mis hijos y tener un techo propio donde vivir. Esos eran mis más grandes anhelos. Soy madre de 3 lindos hijos. El mayor es un buen hijo que tiene un gran corazón. La segunda se convirtió en madre siendo aún menor de edad. Fue muy valiente. La pequeña tiene 13 años y es una linda niña, pero está atravesando una edad complicada. Ahí seguiremos luchando. Mis hijos ya me han regalado dos nietos.
El momento más duro de mi vida fue cuando mi esposo se enfermó en un momento en el que todo marchaba bien. Lo diagnosticaron con cáncer y a los 5 meses falleció. Eso sin duda fue un momento doloroso que nos tocó atravesar como familia. En ese momento tuve mucha ayuda de mi iglesia, de mi familia y de ciertas comunidades, que me ayudaron a superar ese duro obstáculo. Doy gracias a Dios y a este país que siempre me han dado la mano.
A las madres latinas como yo les recomendaría ser muy fuertes y acercarse a Dios, eso es lo que me ayudó a saber manejar todo lo que me tocó vivir. Solo él puede darnos lo que necesitamos y solo en él se puede confiar 100%, es el único incondicional. También agradezco al grupo de Madres Latinas Amigas ha sido una especie de terapia para mi. Somos muy unidas, he encontrado un grupo de amigas verdaderas que han sido un gran apoyo.
Quisiera algún día regresar a mi país para abrazar a los míos, porque no lo he hecho por mucho tiempo.
Describo a la madre latina como una mujer fuerte. La fortaleza es la palabra que mejor nos define.




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