Hace 26 años llegué a este país, junto a mi mama y mis hermanos. Todo gracias a mis tíos y otros familiares que teníamos acá que nos ayudaron a salir de la República Dominicana. Lo recuerdo claramente, fue en el año 1991 y pasábamos una situación bastante difícil en nuestro país. Mi madre siempre fue madre soltera y no lograba conseguir empleo. Eso sumado a la situación crítica que vivíamos en República Dominicana nos llevó a tomar la decisión de irnos.
Cuando llegamos fue un choque cultural súper fuerte, todo era muy distinto a lo que ya estábamos acostumbrados a vivir. Pero sin duda alguna el choque mayor o la mayor barrera que me tocó derribar fue el idioma. Cuando llegas a un nuevo país con una lengua distinta te cuesta más que a un niño. Ya tienes tu acento marcado y siempre las personas nativas te van a querer corregir y pedir que repitas una y otra vez lo que les dices. Tal vez tu entiendas lo que te dicen, pero ellos no logran entenderte a ti. Esa sin duda es la mayor barrera a la que se enfrenta cualquier inmigrante a un país de habla distinta a su lengua materna.
“Cuando llegamos fue un choque cultural súper fuerte, todo era muy distinto a lo que ya estábamos acostumbrados a vivir. Pero sin duda alguna el choque mayor o la mayor barrera que me tocó derribar fue el idioma.”
Cuando llegamos vivimos en el Bronx por un año y luego nos mudamos a Brooklyn. Ahí vivimos por algunos años y fue donde conocí al padre de mi hijo mayor. Ya tenía ocho años de llegada al país cuando nació. Ahorita tiene 18 años y de verdad que es una bendición. No porque sea mi hijo, pero es un excelente muchacho. Siempre tuve miedo de tener un varón porque dicen que son más difíciles de controlar, pero de verdad que no tengo quejas de él.
Luego de eso, me mude, a Long Island y tuve a mis dos hijas menores, que son de una diferente relación. Una de 9 y otra de 8 años actualmente. La mayor es una niña muy especial. Es muy cuidadosa a la hora de hablar. No le gusta herir los sentimientos de ninguna persona. A veces hasta se siente mal si no logra hacer sentir bien a los demás. A veces pienso que es algo malo para ella porque por tratar de hacer feliz a otras personas bloquea sus sentimientos. Mi bebé menor es, un tormento, nunca tiene descanso. Es extrovertida, y muy meticulosa. Si juega con legos y alguien le mueve un lego de su lugar, se molesta, pelea, es muy estricta con el orden.
Algo que me ha ayudado muchísimo es el programa de madres latinas. Te ayuda a adaptarte, a conocer personas que están en la misma situación que tú. De verdad que su programa de lecturas y de compartir con otras madres que provienen desde tu mismo país o desde países vecinos de la misma habla y con vivencias similares te hace sentir que perteneces a algo. Que no estás fuera de lugar. Además, que una madre latina siempre tiene una sonrisa, una mano amiga que te saca de los más oscuros momentos para volverte a poner en marcha.
Mis metas desde que llegué a este país fueron ser mejor. Soy una persona que le encanta hacer las cosas bien así que cuando logro hacerlas bien, intento hacerlas mejor. Me encanta cocinar y ahí siempre intento destacar.
Para mis hijos deseo lo mejor, tal vez no económicamente, pero sí como personas. Que siempre sean personas de bien y logren siempre lo que se propongan por el buen camino. Por último, recomiendo a todo el que desee emigrar. Que antes se mentalice a que no será fácil. Tal vez muchas personas te ayuden, pero tú mismo, debes derribar muchas barreras y eliminar tus miedos y penas. Sobre todo, si es un país con lengua diferente.
Describo a una madre latina como alegria.




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