Soy mexicano. Entré a los Estados Unidos con una visa de turista y con eso me establecí en este país. Entrar legal (por avión) también tiene sus dificultades e inconvenientes, por ejemplo, siempre corres el riesgo de que en el aeropuerto te pasen al temido “cuartito de emigración” y te hagan muchas preguntas, te tomen fotos, tomen tus huellas y esos procesos que suelen ser bastante humillantes. El cónsul americano puede retirarte la residencia sin tener un motivo, solamente porque sí. Hasta ahí llegó tu sueño americano, en un segundo te pueden decir: ¡Adiós!
Entras legalmente, pero si no tienes ciudadanía (papeles), es lo mismo que no tener nada. Estas completamente desamparado. Yo estuve 10 años yendo a México y viniendo, el motivo principal era visitar a la familia que dejé allá. Sin embargo ahora he decidido establecerme y no tomar más ese riesgo. Quizás venir en avión sea más seguro que cruzar el desierto, o el río o el monte, como le dicen los americanos, en esos trayectos puedes morir por asesinato, hambre, sed, ser robado y hasta presenciar cosas atroces que nunca sacarás de tu mente, pero los aeropuertos también tienen su toque de peligro.
Tengo una amiga ecuatoriana a quien la devolvieron a su país en una de estas entradas “legales” a través del aeropuerto. He escuchado de rumores y de casos reales, el riesgo existe.
Para nosotros los hispanos no es sencillo entrar a este país bajo la legalidad o bajo procesos completamente ilegales, la cosa es que no importa lo que hagas siempre llevarás la etiqueta hispana contigo y además vas a extrañar mucho lo que dejas atrás: tu familia, tus amigos, tus costumbres. Esa depresión que te causa el extrañar a los tuyos puede llevarte al consumo de drogas, el alcoholismo y hasta a cometer actos ilegales como el robo o manejar bajo la influencia del alcohol. Los hispanos siempre debemos pagar un alto precio.
En el área laboral me va bien, aunque hay que saber ahorrar y administrarse cuando se trabaja por temporadas. Yo me dedico a la jardinería, lo que aquí se conoce como “landscaping”, y trabajo desde abril hasta noviembre o diciembre, dependiendo del clima. El invierno es completamente muerto y hay que saber reinventarse porque el alquiler no se paga solo y quedarse en casa de amigos o conocidos de gratis no es un plan que perdure en el tiempo. Como dicen en mi país “el muerto empieza a oler mal a los 2 días”, es decir, que las visitas son buenas pero por períodos cortos de tiempo.
En México dejé una hija pequeña, Dana, a quien extraño y a quien ahora solo puedo ver a través de video-llamadas. Sueño con que un día nos reencontremos y podemos abrazarnos, también sueño con sacar mi carrera como licenciado en turismo. Espero que mis sueños pronto sean una realidad.




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